martes, 27 de diciembre de 2016

(YeLu) The Guardian -Serial- Capitulo 3


Notas: ¡Muy buenas! Ya está apunto de acabar de acabar el año, y pronto traeremos el especial de Fin de Año, pero por ahora, a disfrutar de este nuevo capítulo. ^^


   Pensé que hoy mi disputa con Caolu se acabaría. Por suerte, soñar es gratis. Creía que al salir de mi habitación en este nuevo día me la cruzaría, me sonreiría y me abrazaría, como si no hubiera pasado nada. Pero no me la encontré.

   Caminé sola hasta el comedor común. No podía comenzar el día con mi estómago rugiendo. Lo hice sola, como siempre. E incluso me senté en una mesa solitaria, apartada de todos, una vez que tuve mi desayuno.

   El lugar de la mesa, para mí era el mejor. Semi escondida, donde era muy complicado que te vieran, pero desde donde tú podías ver todo. Las mesas, la entrada y parte de la cocina.

   Imaginé que me tocaría un desayuno tranquilo, justo lo que necesitaba. Sin embargo, la fortuna parecía seguir enfadada conmigo. Con una distancia de varias mesas, Caolu estaba sentada desayunando con varias chicas más. Y como no, entre ellas estaba la tediosa Jei ¿qué les pasaba últimamente que estaban tan unidas? ¿Caolu sabría algo sobre lo que escondía Jei? Lo más seguro es que no por temor a que me lo pudiera contar a mí después.

   Las veía divertirse. Me surgió un nudo en la garganta. Me molestaba observar aquella escena, sin saber exactamente por qué. Dejé de mirarlas y me centré en comer, casi a punto a de atragantarme de la prisa que me di. No quería seguir más tiempo allí, rodeada de tanta gente que me estaba agobiando con su mera presencia.

   Con paso firme, salí del comedor. Necesitaba distraerme a toda costa. Necesitaba que me asignaran una misión y olvidarme de todo. Lo primero que hice es ir directamente al centro. Deseaba con todas mis fuerzas que hubiera algo para mí, no me importaba qué, pero mi cuerpo lo pedía a gritos.

   -Lo siento, Yezi, hoy no tienes nada. Es tu día libre -me comunicó el encargado con una sonrisa de oreja a oreja.

   -¿Qué? No puede ser ¿de verdad que no hay nada? Aunque sea algo que esté por debajo de mi rango pero que nadie quiera.

   -No insistas, no hay nada que hacer ¿por qué no tomas un descanso? Creo que te lo mereces.

   Era inútil seguir insistiendo. Más furiosa de lo que estaba antes, salí de allí como un tornado, pisando con fuerza y apretando lo puños ¡no había nada que hacer! No servía para estar de brazos cruzados todo el día. Si al menos pudiera salir del cuartel, buscaría algo con lo que entretenerme, pero sin permiso, no se podía evadirme de todo.

   Con la frustración que tenía y sin saber a dónde me dirigía exactamente, acabé en la puerta del gimnasio particular que la organización tenía para todos los Guardianes. Era un lugar un tanto singular al que no solía ir. Me animé al no tener nada más que hacer. Por lo menos podría ejercitarme, que estaba perdiendo algo de agilidad.

   Una bocanada de aire impregnada a sudor y cosas que mejor no saber, me impactó en el rostro nada más entrar ¿es que no había instalado ningún respiradero o un ambientador potente que eliminara esos olores? Aunque por otro lado, era lo normal teniendo en cuenta la cantidad de personas sudorosas que se encontraban allí ejercitándose como unos locos.

   La gran mayoría de los aparatos estaban ocupados. Desde los más simples hasta los más complejos para ejercitar partes del cuerpo que no creía que se pudieran ejercitar.

   Estuve a punto de arrepentirme, darme media vuelta e irme, pero encontré vacía una bicicleta estática que me llamaba y que valdría por el momento. No llevé la cuenta de cuanto llevaba allí pedaleando, pero a pesar de hacer serios ejercicios diarios por mi cuenta, ya comenzaba a sentir pesados mis músculos.

   Aquello era lo más estúpido que había hecho en toda mi vida. Incluso algunos de los que pasaban ante mí se sorprendían al verme pedaleando como si se me fuera la vida en ello. Tener tantas miradas puestas en mí solo provocaba que me cabreara más. Me iba a ir, si no acabaría pegándole un puñetazo a alguno ¿tenía algo gracioso que estar mirando? Pero cuando me iba a bajar de la bicicleta, escuché que alguien nombraba a Jei cerca de mí. Todo lo que se dijera de ella me interesaba. Me quedé allí subida, pedaleando, a la espera de escuchar algo más.

   -...Jei me prometió que todo saldría a las mil maravillas -fue una voz femenina de donde escuché el nombre de mi nuevo intrigante objetivo.

   -¿Y te puedes fiar de ella? -escuché una nueva voz, de un hombre, algo ronca.

   -Sí, por supuesto. Y tengo pensado seguirla, porque tiene toda la razón del mundo. No podemos seguir controlados, haciendo lo que otros quieran que hagamos, arriesgando nuestras vidas mientras disfrutan de un estilo de vida placentero sin dar un palo al agua -volvió a decir la primera voz femenina.

   Me desconcertaba lo que decía. Necesitaba seguir escuchando para saber exactamente en qué estaba metida Jei. Tenía que saberlo todo. Por lo que, de forma disimulada, giré la cabeza. Pude ver de reojo a la chica que estaba muy dispuesta a seguirla. Cabello rubio en forma de melena, muy delgada y muy expresiva con sus manos. Nunca antes la había visto.

   -¿Y si te metes en algún problema? ¿Te ha asegurado que todo saldrá bien? -al hombre con el que hablaba no alcanzaba ver quien era. Si me movía un poco más, captarían al momento que estaba pendiente de su conversación.

   -Me dijo que eso es un riesgo que tenemos que correr. Y si todo sale bien, tendremos una vida tranquila, y lo más importante, libres, seremos libres -su ímpetu y sus palabras me trajeron una palabra a la cabeza. Rebeldes. Y por lo tanto la imagen de Dokyun pidiéndome que dé con ellos, porque querían destruir La Guardia.

   Me bajé de la bicicleta y me dirigí hasta la salida, como si me fuera, pero no lo hice. Me oculté, fuera de la vista de todos y esperé. Hasta que vi la melena rubia de la chica que decía apoyar a Jei ¿Estaba involucrada con los rebeldes? Si daba el caso de que sí, encantada la delatarla.

   Con una distancia de varios metros entre ambas, la seguí. No sabía exactamente a dónde iba, pero algo me decía que si lo hacía acabaría descubriendo algo de importante interés para mí. Y así hice, lo más cautelosa que pude, seguí a la chica rubia atravesando pasillos y cruzando esquinas.

   Cuando llevaba un rato así, me percaté que lo estaba haciendo por si alguien la seguía que se perdiera por el camino. Estaba claro que era para alguien que no tuviera un mínimo de sentido de orientación, porque en ningún momento la había perdido de vista y tampoco me había dejado ver.

   Estaba incluso cansándome de tanta vuelta, pero me di cuenta hacia donde iba. Ayer mismo estuve yo allí. Una amplia sonrisa se dibujó en mi rostro cuando la vi detenerse ante la vieja puerta en la que vi a Jei escondiendo algo.

   Sin vigilar que la vieran, sacó una tarjeta y la pasó por el lector de la puerta. Había asumido que nadie la vería, un error de novata que a mí me había beneficiado en ese momento.

   La chica entró y cerró la puerta tras ella. Yo no podía hacer mucho más, no sin esa tarjeta. Pero lo que había descubierto me sirvió. Estaba involucrada con Jei en algo, que lo más seguro es que tuviera que ver con los rebeldes. Y tras aquella puerta debía haber algo sobre eso. Tenía que buscar una manera de entrar y descubrirlo.

   La voz de Dokyun me vino a la cabeza. Pero no iba a delatar a nadie, no sin nombres o pruebas. Primero quería saber cómo funcionaba todo eso, qué papel jugaba Jei y desear que Caolu no estuviera metida en todo eso. Pero vamos por partes.

   La tarjeta. Necesitaba una. Y esa chica no parecía muy espabilada. Salí apresurada hasta el archivo de La Guardia, ya que era de urgencia que diera con el perfil de esa chica. No me lo darían con facilidad, así que debía pensar una forma de convencer al viejo cayo que custodiaba el archivo.

   Llegué sudorosa y no con mi mejor aspecto, pero usaría eso como una carta clave en mi baraja. Como si me faltara la respiración, alcancé el mostrador asustando a la mujer mayor que se sentaba tras este, con una mirada impenetrable y sus gafas en la punta de la nariz.

   -¿Es que la juventud de hoy en día no tiene respeto a nada? -me sacaba de mis casillas su tono de superioridad, pero no necesitaba cabrearla ahora.

   -Disculpe, esto es una urgencia -puse un tono amable, pero sin sonreír. No le gustaba que la gente le sonriera.

   -Todos dicen lo mismo. Y si no lo es de verdad, puede marcharse sin hacerme perder el tiempo.

   -Es muy urgente, necesito encontrar un perfil para una misión de incógnito. La persona que iba a hacerlo me ha dejado plantada y no tengo tiempo para buscar una. Si usted me puede ayudar…

   La anciana me miró de arriba abajo. Me veía agotada y desesperada. Eso era un punto a mi favor para convencerla. Arrugando la nariz, asqueada al verme así, se dirigió a la pantalla que tenía ante ella.

   -¿Qué tipo de perfil necesita usted?

   -Una mujer, muy delgada y a ser posible rubia de melena. Si no hay de ese perfil, siempre una peluca es buena -cuando la vi teclear con sus arrugados dedos, tuve que evitar sonreír triunfante. Solo tenía que esperar para obtener lo que buscaba.

   Los segundos parecían minutos. La mujer se tomó con tranquilidad buscar los perfiles. Menos mal que le había dicho que se trataba de una urgencia, si no me tenía aquí hasta mañana. Justo cuando iba a quitarle el teclado y hacerlo yo, me puso ante mí el perfil de cinco chicas, todas rubias y con pelo corto o melena.

   -¿Algunas de estas te sirven? -me preguntó con desgana. Yo pasé la vista una por una hasta que di con el rostro de la chica del gimnasio.

   -Esta, la que sonríe en su foto -señalé la chica que buscaba. Cuando vio la que era, hizo una mueca. Claro está que era porque sonreía en la foto de perfil como una completa idiota.

   -Aquí nadie se toma las cosas en serio -murmuró para ella misma. Me hizo cierta gracia, porque a veces pensaba como ella con los comportamientos que la gente tenía en ocasiones. En un trabajo tan serio como el que teníamos, sonreír en algo así no estaba bien. Me tendió una hoja de papel, era la ficha entera de la chica-. Aquí tienes, y que no te vuelva a ver por aquí.

   -Muchas gracias y perdone las molestias -con la hoja en la mano salí corriendo.

   Había sido fácil, sin ninguna pega como esperaba que me pusiese, como había sucedido otras veces que había solicitado una información de algún miembro.

   Ahora sí, con mi sonrisa de triunfo, me detuve a observar la ficha. La chica de la foto era exactamente ella.


Nombre: Kim MiHyun
Edad: 25 años
Especialidad: Sondeo, tecnologías básicas.
Rango: H
Habitación: HG-247


   No había nada más, solo lo básico y lo necesario. No pude evitar soltar una leve carcajada al ver dicha información, me encontraba seis rangos por encima de ella, era normal que ni se hubiera percatado que la seguía. Pero lo que yo quería era su habitación. Si no recuerdo mal, había que pasar por donde estaba su habitación para ir a la de Caolu.

   Satisfecha, doblé la hoja y me la metí en un bolsillo. Ya sí que me podía ir a mi habitación a buscar un momento adecuado para introducirme a escondidas en la suya y hacerme con la tarjeta que abría la puerta de Jei. ¿Podía ser más perfecto todo? Sin embargo tenía que tener en cuenta todos los imprevistos que me pudieran surgir.

   Eso lo dejaría en otro momento, ahora solo quería darme un baño. Por suerte, al ser de rango B, las habitaciones para aquellos Guardianes de ese rango, tienen baño privado e individual, y no uno común como casi todos los otros.

   Al final no había sido un desperdicio de día como había creído. Al contrario, ahora sabía cómo encontrar pruebas que indican que Jei era una rebelde, y en parte me alegraba. Porque así le quitaba esa mala influencia a Caolu, si es que no le había comido ya la cabeza con ideas de rebeldes. Me daba escalofríos solo de pensarlo, no podía dejar que cayera en esas manos.

   Al abrir la puerta de mi habitación y tropecé con un trozo de papel en el suelo. Quien sea, me había dejado una nota. Sospeché de quien podía ser, luego pensé que sería una amenaza y que lo mejor era no cogerla, pero al final lo hice por pura curiosidad.

   Al desdoblar el papel, reconocí la fina y curva letra al momento, era de Caolu. Me centré para poder leerlo y entender sus palabras y no que se me fueran las palabras al pensar otras cosas:


“No me gusta nada esta situación entre nosotras, claro está que hay diferencias, siempre las ha habido. Pero creo que lo mejor es que por ahora nos tomemos un tiempo separadas, porque si no nos hacemos daño mutuamente. No lo hago porque quiera, me está doliendo mucho escribir esto, pero creo que es lo mejor para las dos. Dar un tiempo hasta que se calmen las cosas.

Lo siento muchísimo. Y no creas que por esto haya dejado de quererte, porque eres lo más importante para mí en este mundo, pero entiéndeme, no me gusta que me trates tan mal y que estemos peleadas. Sabes que te quiero con todo mi corazón, y perdóname por mis feas palabras.


Caolu.”


   Cuando acabé de leer hasta su última palabra, una intensa rabia comenzó a surgir por mi cuerpo, recorriendo hasta el último rincón de este. Destrocé la nota y la tiré a la papelera. ¿Quería tiempo? Lo iba a tener, pero a su querida amiga la destruiría.

   La misión que Dokyun me encomendó y que no pensaba hacer mucho caso, ahora me lo iba a tomar como algo personal. Daría hasta con el último rebelde que hubiera entre esas paredes y se acabarían los problemas. Porque todo comenzó por rebeldes. Y no iba a perder a Caolu por ellos.

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