sábado, 8 de julio de 2017

(YouRa) Don't Say Goodbye -Oneshot-


          Título: Don't Say Goodbye

          Personajes: YouRa ( SoYou + Bora ) [SISTAR]

          Tipo: Yuri

          Género: Drama | Angst

          Clasificación: M

          Descripción: Algo unió a Bora y a Soyou hace muchos años, y no han podido dejar de estar juntas y considerar que tienen una gran amistad, pero no lo valoraran del todo hasta que algo cambie sus vidas.

          Advertencias: Palabras malsonantes y la muerte de un personaje.

          Notas: ¡Hola a todos! ¿Qué tal os va? Hace mucho tiempo que no publico nada y me disculpo por ello. Pero he entrado en una temporada totalmente de sequía en la que no podía escribir nada... Este ha sido el primer Oneshot que he sido capaz de escribir y espero que vuelva otra vez la motivación. Y bueno, ahora que el grupo se ha disuelto no está nada mal una última historia de ellas ¡Espero que os guste!

          -Menos mal que nos hemos podido ver. Con todo el trabajo que tengo… lo siento por la de veces que te he dado largas porque me llamaban de urgencia.

          -No te preocupes por eso, menos mal que ya has podido tener un ratito para mí.

          -Gracias, amiga -Bora sonrió por la capacidad de entendimiento que tenía Soyou. No podía tener mejor amiga en todo el mundo.

          Por culpa de su trabajo en el hospital apenas tenía tiempo para sí misma pero para Soyou siempre sacaba un poquito. Necesitaba verla una vez a la semana al menos para despejarse de todo lo que la amargaba en el hospital. Allí solo era trabajar y más trabajar. Y al menos con Soyou desconectaba.

          Eran unos momentos en los que ambas se ponían al día de sus vidas. Soyou le contaba cómo le iba en la tienda de repostería mientras ella la escuchaba encantada. Soyou era muy buena en lo suyo, y siempre que se encontraban le traía alguna de sus nuevas creaciones ¡no podía quererla más!

          Sin embargo ese día estaba siendo diferente. Bora notaba que a Soyou le pasaba algo. La notaba más apagada de lo normal y eso no le gustaba. Aunque tal vez por eso mismo, Bora no quería insistir ¿y si era algo pasajero? ¿Y si apenas tenía importancia?

          Básicamente el rato que ambas chicas estuvieron conversando, fue Bora la que habló y Soyou escuchaba. Algo anormal entre ellas. Eso sucedió hasta que Bora se quedó sin qué decir. Tampoco era cuestión de aburrir a su amiga con los dramas que tenía dentro del hospital, pero el silencio se hacía muy incómodo con su extraña actitud. Estaba a punto de decirle algo, preguntarle qué le sucedía para estar tan callada, pero por fin Soyou se animó a hablar.

          -He traído algo para ti, es un regalo que he hecho manualmente -dijo Soyou sacando de su bolso un pequeño objeto envuelto con un papel de regalo algo infantil.

          -¿Un regalo? No era necesario. No es mi cumpleaños ni nada especial, además que ya me has regalado esas galletas saladas que has hecho.

          -Ya lo sé, pero quiero que tengas esto también -le puso el regalo ante ella. A Bora le daba hasta reparo aceptarlo. Ella nunca le hacía ningún regalo-. Sabes que iba a hacer un curso de croché ¿no? Después de varias clases me he animado a hacer una creación y me ha quedado… bueno… más o menos. Pero quiero que lo tengas tú.

          Asombrada por su amiga, Bora quitó el papel de regalo tranquilamente. Ante ella tenía un osito de croché algo cutre. Su sonrisa era torcida y los ojos estaban desiguales, uno más encima que otro. Bora soltó una leve carcajada. Le había puesto una bata blanca de hospital con una placa en la que podía leer su nombre. Ese osito era ella.

          -¡Es genial! Lo llevaré al hospital y lo dejaré para que todos lo vean -Bora estaba atontada con su nuevo peluche. Lo cierto es que era un detalle que le causaba una extraña sensación de nostalgia. Pero lo pondría en un lugar que viera todos los días para acordarse de su amiga.

          -Pero si me ha salido horrible. Se van a reír de mí.

          -¡Que va! Y cuando hagas otro y ya te salgan perfectos, pondré los dos juntos para ver tu progreso -Bora estaba tan concentrada con el peluche, que no vio cómo se apagó el brillo en los ojos de Soyou.

          -Claro… Cuando vuelva a hacer otro -el tono de voz de la chica era muy neutro, sin sentimiento alguno.

          -¿Qué te pasa? Llevas el día entero muy rara y me estás preocupando ¿es que te ha pasado algo malo? -pero a pesar de haberse atrevido a preguntar, lo que recibió de Soyou fue una leve sonrisa y un movimiento negativo con la cabeza.

          -Es solo que estoy cansada, no he parado estos días y estoy deseando por unas horas de descanso.

          -Ah… Tenías que habérmelo dicho y hubiéramos aplazado el día hasta que estuvieras mucho mejor.

          -¡No! No quería retrasarlo más. Debíamos vernos sí o sí.

          Ante su insistencia, Bora lo dejó pasar. Estaba encantada con su peluche y por haber visto a su amiga. Tanto que incluso que le pasó la sensación que a Soyou le ocurría algo.

          Iba a darle un buen lugar al peluche, iba a acordarse de Soyou cada vez que la viera e iba a esperar pacientemente su nuevo peluche cuando su amiga tomara práctica para completar la pareja. ¡Era el mejor regalo que le hacían en mucho tiempo!


***


          -Señorita Bora, despierte, la necesitan de urgencia… -una irritante voz la llamaba. Podía escucharla a través de su sueño ¿quién iba a necesitarla con lo cómoda que estaba durmiendo? Que tontería-. Señorita Bora… Es de urgencia…

          -¿Qué te pasa con tanta urgencia? ¿Te has vuelto a cargar la máquina del agua y se está inundando la sala? -contestó medio adormilada al reconocer la voz del nuevo chico que le habían mandado a su departamento para aprender.

          -No. No es cosa mía. Han venido a buscarte porque ha entrado un paciente, necesita una operación urgente y solo está usted de guardia -al escuchar el verdadero motivo por el que le despertaba, Bora dio un salto sobre la cama.

          -¿Y por qué no lo has dicho antes? Maldita sea -se ajustó su bata y se recogió el cabello corto en una pequeña coleta-. ¿Tienes los datos del paciente o de la operación?

          -Sí, mujer de 25 años. Ha llegado con la ambulancia medio inconsciente. Dicen que ha empezado a vomitar sangre constantemente y en su expediente indica que tiene cáncer de estómago. Es posible que sea por eso…

          -Qué perspicaz -a veces el chico era un poco cortito, aunque trabajaba como el que más.

          -Ya la están llevando a la sala de reconocimiento para que hagas una revisión antes de hacer la operación. Incluso le han hecho todas las radiografías adecuadas.

          Sin decir nada más, Bora atravesó los pasillos que tan bien se sabía de memoria del hospital. Con lo bien que estaba soñando, descansando, tenía una operación de urgencia. Qué le iba a hacer.

          Lo que Bora no se esperaba era que al entrar en la sala de reconocimiento, la mujer que estaba tumbada ante ella fuera Soyou. La doctora quedó petrificada ante el cuerpo de su amiga, que descansaba en una camilla a la espera de su revisión. En su boca tenía algo de sangre al igual que en sus manos, seguro de haber vomitado.

          -Soyou… -murmuró, acercándose lentamente. Esto no podía estar pasando, seguro que era una equivocación o que incluso ella estaba confundiendo a su amiga con otra chica muy similar o…

          -¿Cómo sabe su nombre si aún no se lo he dicho, doctora? -y ahí estaba el menos indicado para hablar de nuevo en ese preciso instante.

          Tomó la mano de la mujer y subió su manga. Era Soyou. Un pequeño tatuaje con forma de corazón adornaba su muñeca. Se lo hizo el mismo día que se emborracharon y sin querer acabaron liándose.

          -Soyou, reacciona. Abre los ojos, dime algo -Bora comprobó que su pulso era muy débil y que su amiga no abría los ojos ni reaccionaba ante nada.

          Revisó sus constantes. Estaba muy mal. Tenía que operar ya, sin miramientos. Pero por primera vez en su corta carrera como doctora, Bora tenía miedo de entrar al quirófano. ¿Y si había algún error y mataba a su amiga? Y si después de eso Soyou no salía de la mesa de operaciones ¿qué haría sin ella?

          -Doctora ¿qué va a hacer? ¿Va a operar o no? -insistió el joven asistente sin ser consciente de lo que aquella paciente despertaba en Bora. Era la única familia que tenía y podía perderla en sus propias manos.

          Tenía cáncer de estómago, seguro que Soyou lo sabía hace tiempo ¿por qué no le había dicho nada? Podía haberla ayudado con ello, incluso recomendado un buen tratamiento. Bora tuvo que contener las ganas de llorar allí mismo. Seguro que cuando se vieron hace dos días Soyou lo sabía y por eso estaba tan tristona y ausente. Y ella no la había dejado hablar en ningún momento. Bora se sentía una horrible persona.

          -Doctora…

          -Prepara a la paciente para quirófano, vamos a operar -Bora cortó al chico antes de que siguiera insistiendo. Había tomado una decisión y quería darle una oportunidad a Soyou. Si no hacía nada moriría igualmente ya que parecía estar muy mal, quería arriesgarse para salvarla.

          -Bien -el muchacho se perdió y ella se quedó sola con Soyou unos segundos. Era tan bonita y tan joven que no podía perder la vida. Buscó su ficha médica y la leyó. Hacía meses que le diagnosticaron el cáncer, había empezado el tratamiento pero no estaba haciendo efecto con ella.

          Abrió la ropa de Soyou y llevó la mano a su estómago. Estaba muy hinchado, más de lo normal ¿por qué no se lo había dicho? ¿Por qué? Maldita sea.

          Una lágrima escapó de uno de sus ojos. No, no podía flaquear ahora. Soyou la necesitaba en esos momentos más que en ninguno. Y ella no pensaba dejarla sola. Sabía que estaba en buenas manos cuando Bora fue directa a la zona de operaciones. Allí fue a cambiar sus ropas por las adecuadas. Lo hizo rápidamente, pero con mucho cuidado. No podía faltar ni el más mínimo detalle. Hasta su pelo se lo tapó tras recogerlo en un moño bien apretado a su cabeza.

          Tenía que desinfectarse las manos. Le puso empeño a ello cuando el muchacho de las prácticas apareció una vez más.

          -Ya está la paciente dentro de la sala de quirófano y todo el equipo preparado.

          -Muy bien -se limitó a decir Bora.

          Le daba mucho miedo entrar a operar. Nunca había dudado, pero lo estaba haciendo. No era un paciente normal y común, que no conocía de nada quien estaba sobre la mesa de operaciones. Era su amiga… No, alguien que era mucho más que una amiga. La sorpresa casi pudo con ella.

          Bora tomó aire profundamente. No había vuelta atrás. A Soyou había que operarla lo más pronto posible y sería ella la encargada de hacerlo para verla una vez más sonreír.


***


          Tras casi cuatro horas de operación, Bora estaba derrotada. Pensaba que era lo ideal, que lo conseguiría… Sin embargo sus peores pensamientos se cumplieron dentro de la sala de operaciones.

          Cuando abrieron el cuerpo de Soyou para extirpar el tumor, descubrieron que estaba extendido, demasiado tal vez. Se propuso todo el equipo médico hacer lo posible por quitárselo, pero… la falta de sangre se había llevado a Soyou.

          La chica lloraba en silencio. Aún seguía con las ropas de quirófano puestas, manchadas de sangre y el peluche que Soyou le había hecho en la mano. La había perdido para siempre… No la volvería a ver sonreír, con esa sonrisa risueña, esa mirada divertida o su apoyo incondicional.

          Había perdido a la única persona que la quería como era, que la apreciaba. La única persona que de verdad era su familia. Las lágrimas salían desbordadas de sus ojos manchando sus mejillas. Incluso podía sentir el gusto salado sobre sus labios.

          Cuando se levantó esa mañana no pensó en ningún momento que perdería a su mejor amiga en sus propias manos y no había podido hacer nada para solucionarlo… Intentó hacer todo lo que pudo, de verdad que lo intentó, pero había sido imposible salvarla.

          ¿Qué haría ahora? ¿Cómo podría seguir su vida ahora que no estaba Soyou? Se culpaba a sí misma por lo sucedido. Sus propios compañeros le habían dicho que no pasaba nada, que era algo normal. Hasta ella misma había tenido pérdidas en alguna operación, pero no era ninguna Soyou. Esa superaba todas.

          Se odiaba con fuerzas. Odiaba con todo. Tenía que haber estado más pendiente de Soyou durante esos días. Cuando percibió que le pasaba algo, tenía que haber insistido y conocer qué pasaba con ella y con su vida. La habría podido ayudar mucho más…


***


          Justo ese día hacía un año que Soyou la dejó para irse a otro lugar. Justo hacía un año que todo había pasado tan rápido ante sus ojos. Incluso el tiempo pasó rápido. Bora sonrió con tristeza. Se encontraba ante los restos de Soyou, acompañada por el peluche que ella le hizo antes de descubrir que moriría en su mesa de operaciones por un cáncer.

          Después de ese día pensó que jamás sería capaz de levantar cabeza, que no se atrevería a seguir adelante. Bora se pidió una baja por asuntos propios para encargarse ella misma del funeral de Soyou y para odiarse a sí misma.

          Sin embargo, una mañana le sucedió algo muy extraño. Tuvo que salir a la calle en busca de algo de comida. No le apetecía, pero tenía que alimentarse de alguna manera.

          En la misma calle, hubo un accidente de tráfico. Dos coches chocaron y en uno de ellos había una familia. A Bora le salió el instinto de ayudar a la gente que siempre había tenido y que le llevó a ser doctora. La hija de la familia estaba viva, pero sus padres habían fallecido en el accidente.

          Bora pasó todo el rato con la chica hasta que llegó una ambulancia, cuidándola y revisando sus heridas. Bora la acompañó al hospital y se hizo cargo de ella. Se había quedado sin familia, la niña lloraba, pero intentaba hacerse la fuerte ante todos. Esa niña se llamaba Soyou, como su mejor amiga. Fue esa chica la que le dio las fuerzas necesarias para afrontar su dolor y hacer lo que Soyou quería. Que salvase a la gente, a pesar de que nunca era posible conseguirlo.


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