miércoles, 1 de octubre de 2014

(LeoBin) Basketball -Oneshot-


Título:  Basketball

Pareja: LeoBin

Tipo: Yaoi

Género: Lemon

Clasificación: NC-17.

Advertencias: Este oneshot contiene sexo explicito y palabras malsonantes.

Descripción: Después de tanto tiempo, Leo y Hongbin deciden tener una tarde para ellos solos, echando una partida de baloncesto que acaba en otra cosa, que no era baloncesto.

Comentario del Autor/a: ¡Buenas! Traigo este pedido para Olivia, a la cual espero que le guste  sea lo que quiso, y que os guste también a los demás, fans o no. Espero que sigan leyendo o pidiendo más fics, y no olviden que hasta pueden publicar sus propios fics.


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Hongbin se encontraba en el salón de su casa leyendo concentrado uno de los libros que le habían prestado. Por un momento, desvió la mirada de las páginas hacia uno de los relojes que adornaban la habitación, y al saber que hora era, se puso en pie de un salto. Dejó el libro en un lado y se estiró perezoso. No tenía mucha prisa, pero si bastantes ganas de pasar un rato, aunque fuera haciendo el tonto, con su mayor. Había pasado ya un largo tiempo desde la última vez que tuvieron la oportunidad de estar juntos. Aquella misma mañana Leo había llegado a casa de un viaje de negocios que les había obligado a pasar algunas semanas sin verse. Los días anteriores a su regreso había estado pensando algo para hacer juntos. Deseaba recuperar el tiempo que habían perdido.

Deslizándose por la habitación, recogió una mochila que había preparado momentos antes, y asegurándose estar bien peinado, salió de aquella estancia. 

-¿Leo? -No sabía exactamente donde estaba, pero suponía que estaba terminando de ordenar algunas de sus cosas tras el largo viaje. Por eso lo llamó con la voz más elevada de lo normal para que pudiera escucharlo bien desde allá donde estuviera. Parado en el pasillo esperando a que apareciese, movía sus pies, algo nervioso por si no accedía a salir con él aquel día.

El otro asomó la cabeza por la puerta de su pequeño estudio nada más escuchar la voz del menor preguntando por él, dejando a un lado lo que estaba haciendo. Viendo que estaba de espaldas a la puerta y no podía verle, terminó de abrirla despacio, intentando no hacer ningún ruido. Y con todo el sigilo que podía permitirse se acercó a él, colocando cada una de sus manos a un lado de la cintura del menor con la intención de darle un pequeño susto.

-¡Bú! -Rio con suavidad tras hacer aquello, esperando su reacción.

Hongbin, tan distraído como estaba, en ningún momento se esperaba aquello, ni siquiera que apareciera detrás de él. Dio un pequeño bote por el susto, se giró, y al verlo frunció el ceño.

-Malvado, eso no se hace, que tengo el corazón viejo y un día de estos me matas. -Medio bromeando, le sacó la lengua, con una pequeña mueca graciosa. De un leve tirón de la mochila, se la colocó bien en su hombro ya que se estaba cayendo, mientras mantenía la mirada fija en él, algo nervioso.

-¿Te gustaría venir conmigo...? Ya sabes, salir los dos, dar un paseo, hacer algo juntos, disfrutar de tu sonrisa... -Al decir las últimas palabras, dirigió su mirada a otro lado. ¿Se estaba avergonzando? Admitía que llevaba tiempo sin verlo sonreír, y era algo que deseaba más que nada. Pero tanto como tener las mejillas levemente sonrojadas ya era mucho. Aunque era más bien por el miedo a que le rechazara.

Leo mantenía la vista fija en él, sin decir nada al comentario sobre el susto y escuchando con total interés su propuesta de hacer algo juntos. Sin poder evitarlo, dibujó una sonrisa en sus labios al oír aquello y darse cuenta del leve sonrojo en sus mejillas. Amplió la sonrisa al percatarse de esto último, pensando en lo jodidamente adorable que estaba de ese modo y en la última vez que pudo verlo sonrojarse por algo relacionado con él. Definitivamente hacía mucho tiempo de aquello. Y no podía negar que le encantaba verle así.

-¿Me lo estás preguntando en serio? -Preguntó aquello con cierto tono de sorpresa, pues había asumido que el otro sabía que se moría por pasar tiempo junto a él.- Pues claro que quiero ir contigo. -Le sonrió de nuevo, incapaz de ocultar la emoción en sus palabras, aunque intentando contenerla un poco.

El menor de los dos no pudo evitar sentir como un pequeño cosquilleo recorría su barriga cuando escuchó su respuesta.

-No sé, no te veo con muchas ganas... -Murmuró al subir la mirada de nuevo hasta su rostro, buscando en esta alguna muestra que le enseñara lo emocionado que podía estar su mayor, pero él no servía para esas cosas y no conseguía ver nada. Pero no se iba a rendir ahora. Estaba dispuesto darle un bonito día, que disfrutara y pudiera sentirse bien.
-Pues no sé tú, pero yo llevo ya mucho tiempo deseando esto cómo el que más. -Contestó, un poco indignado al ver que no le creía.

Sin detenerse a decir ni una palabra más, Hongbin estiró una mano y agarró la de él con fuerza y decisión. No dijo nada sobre lo que Leo había contestado. Llevaba mucho tiempo sin hacerle caso y eso sería algo que tendría que ver por él mismo. Tirando de él, sin girarse a ver la expresión de su rostro y asustado por lo que pensara, se acercó hasta la entrada de la casa y recogiendo primero las llaves y el dinero, con rapidez, abrió la puerta. A base de pequeños tirones sacó a Leo de la casa, la cual cerró y echó la llave, no era cuestión de que ahora les fueran a robar. La llave se escapaba de sus dedos. Le sudaban un poco las manos, estaba demasiado nervioso. Quería que todo fuera bien, y hacer de verdad a su novio feliz y se lo pasara bien. Leo le seguía sin pensárselo dos veces y ansioso por saber qué sería lo que tendría pensado hacer. Caminaba tras él con la misma decisión y con muchísimas ganas de poder pasar por fin una tarde así junto a la persona que más amaba en el mundo.

Al guardar las llaves, el menor se pasó las manos por su pantalón para limpiar el sudor, antes de girarse hasta él de nuevo. Le dedicó una amplia y contenta sonrisa.

-Hoy es un buen día para que salgamos, creo yo.

-Pues sí. Lo es. ¡Vamos, venga!

Se adelantó un poco a él sin soltar su mano y comenzó a andar hacia delante, dirección a la calle. Pero se detuvo a los pocos segundos al darse cuenta de que no tenía ni la más mínima idea de hacia dónde ir y que sus nervios podían con él.

- Bueno... ¿Dónde? -Rio algo avergonzado a causa de hacer el tonto de aquella forma y no poder contenerse un poco mejor.

Hongbin se dejó llevar por él al ver aquel ímpetu que le había salido de a saber dónde. Lo miraba asombrado porque no se lo esperaba, pero también conmovido y feliz. Ese tonto del que estaba perdidamente enamorado. Soltando una dulce carcajada, dejó un beso sobre su hombro a la vez que le daba un tierno apretón en su mano. Beso que hizo sonreír a Leo, pues había estado echando demasiado de menos cosas cómo aquello. Verlo así de animado lo mataba de amor. No sabía por qué, pero tenía la sensación de que si seguía así acabaría el día con una sobredosis de amor. Realmente, aquello no le importaba, es más, lo deseaba.

El menor, aún con una sonrisa plasmada en su rostro, caminó en la dirección que había tomado el otro, con un paso tranquilo. Quería disfrutar de un paseo junto a él ahora que por fin podía estar a su lado. Quería disfrutar que lo tenía solo para él.

-No te escapes, que te me pierdes. Yo te llevaré, cómo buen guía que soy.

Alzó el mentón, haciendo un poco el tonto, con una expresión un poco seria en el rostro. Pero por dentro se moría de la risa de lo tontito que podía ser, y solo para hacer reír a esa persona que solo sabía arrancarle sonrisas verdaderas.

-Tranquilo que no tengo ninguna intención de escaparme de ti.

De vez en cuando, aunque pasara la mayor parte del tiempo mirando al frente mientras andaba, a Leo se le escapaba una mirada de reojo dirección al menor. Entonces sonreía cual bobo al verle allí, junto a él y con aquella sonrisa que tanto adoraba. Estaba ansioso por llegar al lugar donde el otro hubiera pensado llevarle. Y era cierto que estaba realmente feliz por ello, pero parte de su emoción y felicidad venía del simple hecho de poder estar un rato junto a él, fuera donde fuera e hicieran lo que hicieran.

Hongbin caminaba a su lado, mordisqueando su propio labio inferior, jugueteando nervioso. Una de las cosas que quería hacer, la quería hacer ya, no podía estar más rato esperando, pero no sabía cómo hacerlo. Miraba de reojo a Leo, pero lo veía tranquilo y cómodo en ese momento. No es que quisiera molestarlo pero lo estaba necesitando. Intentando disimular, giró el rostro hacia él y con cierto tono misterioso en la voz, habló.

- Oye, Leo... Acércate, he de contarte algo...

Se detuvo, haciendo el amago de acercar sus labios hasta su oído haciéndole creer que le diría algo. Pero en el último momento llevó una mano hasta su rostro y lo hizo girar, para así poder plasmar un beso en sus labios. Sintió como si se quedara sin suelo cuando notó los cálidos labios de su mayor, los que tanto necesitaban y había echado de manos. Le había besado con todo el amor del mundo, y se lo había intentado dejar claro.

Leo no se esperaba aquello para nada, no al menos en aquel preciso momento. Abrió sus ojos un poco más de lo normal a causa de la sorpresa. Pero sin poder evitarlo y sonriendo inconscientemente nada más unir sus labios, le correspondió al beso con todo el amor que podía ofrecerle, que no era poco. Cerró los ojos por un momento, dejándose llevar ahora por aquel beso que hacía tanto había estado deseando. Acercó la mano libre al rostro del menor, no pudiendo ni queriendo evitar las ganas de pasar los dedos sobre una de sus mejillas y acariciar su piel. Sintió cómo un suspiro escapa de sus propios labios una vez estos se separaban de los del otro, dándose cuenta de que en su propio rostro había quedado dibujada una feliz sonrisa que tardaría bastante rato en desaparecer. Y no sin motivo, pues tras tanto tiempo queriéndolo y soñando con ello, aquel beso había hecho sentirle cómo si en cierto modo, hubiera vuelto a la vida.

Totalmente nervioso, Hongbin comenzó a caminar de nuevo, mirando hacia otro lado. Lo había hecho. Había besado sus labios. Cuantas veces había estado soñando con ellos. Aún podía sentir su calor en los de él y se relamía de manera inconsciente. Tanto tiempo sin él, le había alterado y bastante. Avergonzado por tener el rostro ruborizado, se pegó a él como quería haber hecho desde un principio, pero sin subir la mirada hacia él. A pesar de eso, una amplia y feliz sonrisa adornaba ahora su rostro. Lo malo es que ahora querrías más besos, y si fuera por él, empezaba y no paraba. Pero tenía que controlarse. No quería parecer un desesperado. Que lo estaba. Desesperado por su amor, su cariño y sus malditos labios que lo estaban enloqueciendo con solo recordar ese cálido contacto. Pero tenía que resistir la tentación. Tan cerca como estaba de él, podía aspirar su aroma. Como tantas otras veces. Con más ganas, pegaba la cabeza a su hombro. Había anhelado tenerlo tan cerca.

-Ya estamos llegando, queda poquito.

-Teniendo en cuenta cómo reaccionas parece que estemos saliendo cómo pareja por primera vez. -Comentó Leo. Y lo cierto es que así era. Le parecía bastante curiosa la forma que tenía el otro de sonrojarse a la mínima tras año y medio de relación y cuando hacía tanto tiempo que no lo hacía. Y al mismo tiempo, le encantaba. Adoraba verle de aquella forma.- Ya estoy deseando llegar y ver qué es lo que tienes preparado.

Hongbin quedó callado al escuchar sus palabras. No se esperaba que le hubiese dicho aquello. Tenía razón, cualquiera lo diría. Pero llevaba tanto tiempo sin poder darle un beso que el hacerlo le provocaba sonrojos por lo feliz que se sentía.

-Me da igual, no me importa lo que parezca. Pero por ello me siento realmente feliz. Y... me gusta sentirme así por ti. -Murmuró, casi para sí mismo. Pero sabía que lo estaba escuchando perfectamente.

Viendo que estaban llegando y que apenas les quedaban unos pasos para entrar en aquel lugar, se separó un momento de él para coger su mochila. Con algo de torpeza la abrió y entró primero en el lugar, dejando a Leo en la entrada y esperando que le siguiera. Sacó de la mochila un balón de baloncesto y lo dejó a un lado.

-Sé que no es algo muy romántico, pero me apetecía que nos divirtiéramos un poco. Que hiciéramos algo juntos, no sé, como picarnos o jugar los dos juntos. -Riendo, botó el balón en el suelo varias veces, esperando que a su mayor le gustase la idea y no haberla cagado. Solo quería que le gustase de verdad y se lo demostrase como era debido, así que en una de las veces que la pelota llegaba a sus manos, se la lanzó directamente a las suyas.- ¿Te hace?

Cuando le pasó el balón, Leo lo cogió entre sus dos manos con algo de torpeza ya que no se lo esperaba. De hecho casi se le resbala de las manos y acaba en el suelo. Pero la sostuvo con fuerza antes de esto y le observó a él sonriendo divertido ante la propuesta. Lo cierto es que la idea le había gustado bastante. A él también le apetecía pasar un rato de esa forma y divertirse juntos así. Aunque sabía que aquello no se le daba demasiado bien y puede que acabara haciendo el ridículo más de una vez. Pero no le importaba. Estaba demasiado animado cómo para preocuparse por si jugaba bien o no. Le bastaba con pasar un buen rato con él. Así que asintió con decisión, intentando provocarle un poco con la mirada a la vez que sonreía de medio lado, sin soltar la pelota.

-Está bien. Pero luego no quiero quejas si pierdes. -Rio una vez dicho esto. Claramente bromeando, pues ni él mismo se creía que fuera capaz de ganar. Pero iba a intentar mantener una actitud ciertamente competitiva. Lo importante ahora era pasárselo bien y si podía, iba a aprovechar el momento para provocar al menor un poco, a su manera. Una de tantas cosas que llevaba tiempo deseando hacer y que tras aquel beso no podría haber evitado por mucho que lo hubiera deseado.

-No es lo típico que solemos hacer de ir a ver sitios bonitos, pero pensé que esto te podría gustar. Es algo sencillo y normal, pero a veces lo normal con la persona adecuada, se vuelve maravilloso.

Hongbin dijo aquellas palabras con demasiada ternura, acabando por fijar su mirada en los ojos de Leo. No lo podía evitar. Tenerlo allí, solo para él y dispuesto a pasar un buen rato juntos le estaba derritiendo por dentro. Le volvía a tentar la idea de lanzarse a sus brazos y besarlo hasta que se quedase sin respiración, pero debía volver a ser fuerte a cualquier tentación, mantener el tipo y no dejarse caer tan fácilmente en sus brazos. Caminó unos pasos hacia atrás, con tal de dejarle espacio a moverse y que pudiera sentirse bien y libre de empezar como quisiera y cuando quisiera.

-No hay normas. Solo espero que no seas demasiado lento. -No es que fuera un experto, pero algo de idea tenía, aunque tampoco podría decir que era muy bueno. Pero poco le importaba.

-¿Algún problema con mi lentitud? -Preguntó Leo, bromeando. Realmente, aunque en cierto modo aún no habían hecho nada, ya se lo estaba pasando bastante bien a su lado. Dejó la pelota caer al suelo para que rebotara y volviera a su mano, con la cual volvió a darle para que cayera al suelo de nuevo y rebotara una vez más. Intentando que no se le escapara el balón, aunque sabía de sobra que en algún momento fallaría y esta iría lejos de él dando saltitos, intentó dar algunos pasos haciendo rebotar está en el suelo.

Observaba la pelota concentrado para que no se le fuera hacia otro lado, yendo hacia la canasta más cercana a donde ellos estaban. Cuando estuvo un poco más cerca de esta, en una de las veces que hizo rebotar el balón en el suelo la cogió de nuevo entre sus dos manos y acto seguido, sin esperar mucho a hacerlo e intentando dar una imagen confiada y ''guay'', la lanzó hacia arriba con la esperanza de encestar. Siguió la pelota con la mirada, viéndola chocar con el borde del aro y desviarse en otra dirección. Al ver esto salió corriendo en la dirección en la cual la pelota había salido disparada y la siguió intentando cogerla de nuevo con las dos manos, ofreciendo una escena bastante graciosa y patética. Cuando por fin recuperó el balón volvió con la cabeza agachada y este entre las manos, hacia donde estaba Hongbin, avergonzado y al mismo tiempo intentando aguantar las ganas de reír ante su propia desgracia. Ya había asumido antes que algo así pasaría, pero no que fuera tan torpe cómo para fallar de esa forma al primer intento.

Extendió los brazos hacia el más joven y se la ofreció, desviando la mirada de él y mordiéndose levemente el labio al intentar contener la risa.

-Te toca... -Susurró bastante bajito.

-Gracias, mi niño precioso. -Dijo Hongbin mientras hacía el esfuerzo por no reírse de él.
Agarró con cuidado la pelota entre sus manos cuando el mayor se la pasó. No podía borrar la sonrisa de su rostro. Lo tenía embrujado, pero totalmente embrujado. Botando la pelota, se acercó hasta el área de tiro y desde allí, botó varias veces la pelota e intentó calcular más o menos la distancia a la que estaba la canasta. Estaba bastante alta para él, pero tenía que intentarlo.

-¿Qué pasará si te gano? No me vale lo que yo quiera, tú tienes que decidir. -Preguntó de lo más curioso antes de lanzar la pelota.

-Si tú ganas te dejo manosearme. -Le respondió aquello casi sin pensarlo y no se percató de lo que había dicho hasta que ya era tarde y no había vuelta atrás. Pero no le importaba. De hecho, aunque lo había dicho inconscientemente, era precisamente lo que quería.

Los dos vieron cómo el balón daba contra el tablero, pero al chocar contra este, entró directamente en el aro. Una sonrisa de triunfo se dibujó en el rostro de Hongbin. No pensaba que lo lograría, pero eso picaría a su mayor y podría chincharle más, mucho más.

Leo esbozó una amplia sonrisa al ver que él sí lograba hacerlo bien y él mismo, no. Aquello le estaba resultando bastante entretenido e interesante.

-Uy, qué pena. Voy perdiendo. -Dijo aquello con un claro tono de pena exageradamente fingido. Lo exageraba tanto ya que obviamente, quería que se diera cuenta de ello.

Se acercó a donde había caído la pelota para recogerla nuevamente del suelo. Una vez con esta entre sus manos, caminó hasta colocarse justo al lado del menor y antes de volver a lanzar la pelota hacia la canasta, le miró de reojo mostrando una sonrisa entre divertida y traviesa y por unos instantes, no pudo evitar bajar la vista y echar un rápido vistazo al cuerpo del otro. Aquel cuerpo que tanto le estaba llamando. Pero tenía que aguantar un poco más y no lanzarse a la mínima. De momento solo tenía pensado jugar con él. Esta vez lanzó la pelota mal a propósito para fallar. Pero intentó disimularlo bien para que no se diera cuenta de ello y no sacar a luz sus intenciones de provocar. Cuando la pelota se alejó de ellos tras no ser encestada, trató de fingir una expresión más o menos apenada por no lograrlo. Aunque por dentro estuviera riendo cual malo de película cuando sus planes van según lo previsto.


-Soy taaan torpe...
Una idea cruzó la mente de Hongbin al verle fallar de nuevo y escuchar sus palabras.

-Intentas perder para que te manosee...

Antes de ir a buscar la pelota, estiró un brazo, y sin pensárselo mucho, palmeó con algo de fuerza el trasero de Leo. Joder. Llevaba todo el rato deseando hacerlo. Pero se hizo el despistado, como si él no hubiera hecho nada de eso, ni haberlo tocado, ni saber nada. Leo dejó salir una leve exclamación de sorpresa al sentir cómo daba en su trasero, pero no le dijo nada. Inconscientemente delineó su propio labio inferior con los dientes ante aquel contacto. Era incapaz de ocultar que le había gustado demasiado y que lo echaba de menos.

Con un paso tranquilo, Hongbin se acercó hasta la pelota. Dando algunos botes en el suelo una vez entre sus manos se colocó de nuevo en la misma posición de antes, haciendo creer a su mayor que lanzaría igual y encestaría. Pero no iba a ser así. Pues al hacerlo, muy descaradamente, mandó la pelota a otro lado. Se quedó mirándola e hizo un leve sonido de lastima mientras giraba la cabeza hacia Leo.

-He fallado, no voy a ganar... -Haciéndose el inocente y despistado, salió a por la pelota.

Leo alzó un poco una de sus cejas, ya que él tampoco creía que hubiera fallado sin querer y menos con la forma tan descarada con la que había lanzado la pelota hacia el otro lado. Mientras, con una alegre sonrisa y satisfecho por haber hecho aquello, Hongbin recogió la pelota una vez más del suelo y se la llevó a su mayor. Llevaba en el rostro una inocente sonrisa, intentando que creyera que iba con buenas intenciones. Una vez a su lado, le puso la pelota sobre sus manos y se inclinó sobre él, tanto que acabó besando con mucho amor la comisura de sus labios. Y sin despegar mucho sus labios, murmuró justo donde había dado el beso.

-Te toca...

No pudo evitar aquello. La tentación era demasiado grande y sus labios demasiado apetitosos. Pero debía seguir controlándose para así poder jugar con él un poquito más. Pero jugar a picarlo, y no exactamente a lanzar el balón a la canasta.

El mayor le sonrió de forma provocativa al recibir otra vez la pelota y el beso, dispuesto a seguir con el juego. Entonces, tuvo una nueva idea. Dejó caer la pelota al suelo apartando ambas manos a la vez de esta y amplió bastante su sonrisa, observando ahora directamente los ojos de Hongbin, de nuevo de ese modo tan provocativo.-Vaya. He vuelto a fallar.

Hongbin no podía creerse aquello.

-Eres un mal ganador, eh...

Su vista no se apartaba en ningún momento de Leo. De aquella sonrisa, de sus ojos, ni de esa manera de mirarle. Sentía un cosquilleo en la barriga, como si ahora se tratase de un adolescente. Sacudió su cabeza mentalmente. No iba a mostrar debilidad ante aquella mirada que le incitaba a lanzarse a sus brazos y suplicarle que le besara. No. Sería el mayor quien suplicaría por eso. Sí, eso estaría mejor. Y que mejor manera que haciéndole ganar. Se inclinó a recoger la pelota y la volvió a colocar entre sus manos. Relamiéndose lo labios, pendiente de que Leo le estuviera mirando, se colocó tras él y posó sus manos sobre las de él. Con unos suaves movimientos le hizo tirar el balón a la canasta, el cual entró en el aro tras chocar en este. Leo se dejó llevar en ningún momento pensando que iría a pasar aquello, pues él en esos instantes solo pensaba en cómo seguir con su plan para provocar a Hongbin. Se quedó muy sorprendido cuando se dio cuenta de que la pelota había entrado por el aro, técnicamente lanzada por él mismo.

-Uy, creo que me vas ganando, eso ha sido un triple... -Murmuró el más joven cerca de su oído, con una traviesa y satisfecha sonrisa en su rostro. Se separó de él no sin antes haberle dejado un beso en su nuca con mucho cariño para después volver a ponerse a su lado.-Me rindo, me has ganado. Qué pena. -Puso una sinuosa voz de crío chico, aparentando ser inocente. Mientras, recogía una vez más la pelota. Iba a conseguirlo al final y eso le producía cierta satisfacción. Y más si podría al final colmarlo a besos hasta que no pudiera más.

Leo se giró inmediatamente hacia él, mirándole sin creerse lo que acababa de pasar y entrecerrando los ojos, con cierta indignación. Volvió a percatarse de aquella inocencia que sabía que realmente no estaba ahí y no pensaba rendirse. Puede que hubiera ganado esta vez, pero aún no estaba todo decidido e iba a seguir jugando.

- Oh... Bueno. ¿Y qué he ganado yo? -Susurró acercándose a Hongbin, sin apartar la mirada de él y caminando a su alrededor un poco inquieto, analizando con la mirada todas y cada una de las partes de su cuerpo. Como si fuera un cazador acechando a su presa. Le seguía mirando y sonriendo de aquella forma que sabía que tanto le gustaba al otro.

-¿Qué quieres ganar? Has ganado. Y ahora mismo soy todo tuyo, dime que es lo que quieres y lo tendrás. Aprovecha. -Con voz firme, pero traviesa, Hongbin respondió a su pregunta. Seguía su mirada mientras daba vuelta alrededor suya. Le encantaba que lo mirase así. Le enloquecía. No podía evitar observarlo con ganas. Se sentía débil ante esa mirada suya. Y su yo interior gritaba y suplicaba por lanzarse a sus brazos, porque lo tocase y poder devorar sus labios lenta, pero apasionadamente, como tanto rato había estado deseando. No sabía cuándo más iba a durar, pero le quedaba poco. Aun así, mantenía el tipo, se mantenía firme y dispuesto, aguantando en caer en esa tentación.- ¿Qué quieres? Una cena, una copa, una medalla, un regalo, unos vales de comida rápida... Tienes muchas cosas para elegir... -Con voz divertida, no podía borrar una ladina sonrisa en su rostro. Cierto es que su mirada se desviaba por su cuerpo. Le recorría lentamente. A cada paso que daba, los impulsos por lanzarse a sus brazos eran más grandes. Le encantaba todo de él. Aquel cuerpo, aquella manera de moverse, esa sonrisa, esa mirada... Cada vez su cordura y su orgullo se iban perdiendo con cada detalle que observaba más de él. Sus labios le pedían ya a su mayor con necesidad. Y más, después de haberlo probado tras tanto tiempo.

Leo se detuvo, observándole pensativo, decidiendo cual quería que fuera su premio por ganar de aquella extraña e inesperada forma. No podía aguantarse más. Sabía a la perfección qué era lo que quería y lo quería ya. Y era a él. Lo quería entre sus brazos en cuanto antes y durante toda la noche. Pero aún creía poder esperar un poco más, o al menos, pedirlo de forma que el otro no fuera a esperarlo. Estaba dispuesto a tener que esperar un poco más si con eso lograba sorprenderle. Y no tardó mucho en idear mentalmente un plan para ello. Se acercó a él con una sonrisa, cambiándola radicalmente de una traviesa a la más tierna que podía ofrecerle. Cogió la pelota y él mismo se acercó a donde estaba la mochila para guardarla de nuevo, sin prisas. Dándose todo el tiempo del mundo en cada una de sus acciones, cogió la mochila y se la colocó sobre sus propios hombros, queriendo llevarla ahora él para que no fuera el menor otra vez quien tuviera que cargar con las cosas. Se acercó nuevamente a él, sin perder esa sonrisa ahora totalmente dulce y cariñosa y besó de la misma forma una de sus mejillas.

-Vamos a tomar algo ¿Te apetece? A no ser que tuvieras algo más pensado, claro. -Colocó una mano alrededor de su cintura y empezó a andar tranquilamente, empujándole con suavidad con el brazo y haciéndole así caminar a su lado. Sabía perfectamente que después de todas aquellas insinuaciones y miraditas aquel comportamiento tan tierno iba a resultar extraño. Y eso era exactamente lo que estaba buscando.

Al verlo actuar de esa manera totalmente cambiada, Hongbin se extrañó un poco, pero de seguida esbozó una sonrisa. No se esperaba que ahora se comportarse tan tierno. Y no quitaba la mirada de ninguno de sus movimientos.

-Te dejo que me invites a lo que quieras. -Devolviéndole en la mejilla el beso que el mayor le había dado momentos antes, caminaba a su lado. No sabía exactamente que buscaba ni que quería conseguir, pero no iba a ser el único que jugara en ese juego. Tenía bastantes ganas y no se iba a quedar atrás. Pero ese comportamiento no era propio, así que se andaría vigilante, por lo que le pudiera pasar.- Llévame a donde quieras. -Divertido en verdad por esa situación, pasó un brazo por su espalda para poder mantenerse abrazado a él mientras caminaban fuera de la cancha a cualquier sitio que su mayor quisiera ir.

Continuaron caminando tranquilamente el uno al lado del otro, sin separarse mucho. Poco a poco se iban alejando de allí para adentrarse en una de las partes más solitarias y oscuras del lugar. Por allí era exactamente por donde quería ir Leo. Donde pudieran estar más tranquilos. Y sabía que por aquella zona había más de un local bastante bueno donde ir a pasar el rato, así que nada resultaría sospechoso por el momento. Pero aquellos no eran los únicos pensamientos que ocupaban su mente. Si era cierto que tenía algunos planes no precisamente relacionados con el romanticismo, toda la ternura que le estaba ofreciendo al menor en esos momentos tampoco era fingida. Adoraba aquello. Poder pasear con él a su lado. Haber pasado la tarde juntos divirtiéndose. Poder haber compartido momentos juntos después de tanto tiempo... Todo. Lo adoraba todo. Y sin duda estaba siendo tremendamente feliz junto a él. Cómo siempre lo era cuando hacían ese tipo de cosas o simplemente manteniendo una conversación.

-¿Y cómo lo estás pasando? -Sintió la necesidad de preguntarle aquello cuando pensó en lo animado y feliz que estaba él mismo, mostrándole todos aquellos sentimientos en una amplia sonrisa.

-No sé cómo puedes preguntar tal cosa. ¡Pues me lo estoy pasando genial! ¿No lo notas? Incluso, aunque me ganes, me lo estoy pasando demasiado bien. Creo que tendremos que repetir. - Al decir las últimas palabras, tornó su rostro un poco hacia él, con una sonrisa de medio lado, con una pizca de ternura, pero también algo sensual. Sabía que podía verla bien y estaba encantando de ello. Se acabó pegando un poco más a Leo. Bajo toda esa ternura, aún seguía con unas ganas terribles de tocarle, de recorrerle entero y besar esos labios de los que no apartaba la vista con tanta pasión como la que podía caber en él. Pero no. Aún tenía que resistirse. Ardía en deseos de sentir su calor, pero quería parecer que se resistía, como fuere. Intentando no pensar en ello, buscó otra cosa de la que hablar.- ¿Qué quieres hacer ahora? ¿O donde me pretendes llevar?

Cuando escuchó las preguntas, Leo volvió la vista a sus ojos un momento, lanzándole una mirada bastante intensa y cargada de pasión. Casi parecía que su actitud había vuelto a cambiar de nuevo. De lo tierno a lo provocativo una vez más. No dijo nada. En su lugar giró un poco la cabeza hacia un lado, después hacia el otro y hacia atrás.

Asegurándose de que no había nadie cerca y el lugar estaba lo suficientemente oscuro. Al ver que efectivamente, no había nadie, es cuando puso en marcha lo que había estado planeando durante todo el camino. Se separó de él y cogió una de sus manos al instante, agarrándola con fuerza. Tiró de Hongbin con cierta desesperación y rapidez hasta colarse ambos por uno de los pequeños callejones que había a lo largo de aquella calle.

El lugar era aún más oscuro y solitario que por donde habían estado paseando hasta ahora, y eso era un punto a su favor. Hongbin se sorprendió bastante. Le había pillado completamente desprevenido. No veía nada, estaba totalmente a oscuras, no sabía dónde estaba ni donde pisaba ni nada, pero confiaba en su mayor y lo seguía con un suave apretón en las manos y mordiendo su propio labio, sin decir nada. A pesar de no verse nada, Leo conocía bien aquel lugar ya que había pasado de día más de una vez y sabía exactamente donde tenían que ir. Durante el recorrido, que no duraba mucho, no dijo nada. Tan solo caminaba con decisión por aquel oscuro lugar. Finalmente se detuvo frente al portal de un edificio bastante viejo y ya abandonado. A pesar de que la puerta estaba cerrada y no podían entrar, había en el portal un hueco lo suficientemente grande para los dos donde no iban a poder ser vistos. Prácticamente no podía verse nada ya que la luz de la calle principal no alcanzaba aquella zona. Y mejor.

Tampoco era necesario que lo hiciera. Entró allí tirando de él. Soltó su mano y colocando ahora la propia sobre el hombro de Hongbin, le empujó hacia atrás e hizo que pegara la espalda a la pared del edificio de forma que quedaban cara a cara. Se acercó más a él, acabando por pegar su cuerpo completamente al del menor. Llevó una mano directamente hasta su cadera mientras la otra la dirigía a su nuca. Acercó bastante el rostro hasta hacer que sus labios casi rozaran con los de Hongbin. No se veía prácticamente nada, pero notaba la respiración del otro sobre sus propios labios.

Aquello era más que suficiente para guiarse.

-Quiero comerte entero. Eso quiero.

Un suave gemido, muy leve, escapó de los labios de Hongbin cuando sintió la pared tras él y a la vez cómo Leo se pegaba de esa manera contra él. Su respiración estaba terriblemente agitaba. Por todo lo que en ese momento recorría su cuerpo. No podía aguantar ni un solo momento más, necesitaba devorarlo. No solo por la espera o por todo ese tiempo separados. Aquello había hecho mucho en él. La tarde tentándose, el que lo estuviera mirando de esa manera, que se comportara así y lo hubiese llevado a un sitio como ese, que le mostrara de esa manera lo mucho que lo deseaba... Todo eso, había encendido en él algo que nunca había sentido, una desesperación, junto con una pasión y un amor, demasiados intensos, que le estaban derritiendo por dentro. Juraba que si su mayor volvía a comportarse de esa manera y hacer algo así una próxima vez, le estaría haciendo el amor, sin parar, toda la vida. Le estaba enloqueciendo como nunca, todo aquello... Le estaba encantando más que nunca. No sabía cómo mostrarlo, cómo hacerle entender que su mirada, su actitud y ver su deseo por él, le encantaba. Y ahora, con sus labios tan cerca, no iba a quedarse quieto. Quería sentir sus labios. Y más que sus labios.

- Cómeme, joder... hazlo... -Aún sin ver, pegó por un momento sus labios a los de Leo. Los necesitaba. Rodeó los suyos y lamiéndolos lentamente, los volvió a separar, como dándole a probar algo que duraría mucho.- Te estoy deseando como nunca...

Leo se echó un poco más hacia delante, buscando más del contacto de su cuerpo y su calor. Necesitaba más. Mucho más. Al acercarse de esa forma dejó el cuerpo del menor apretado entre la pared y él, atrapándolo. Dándole a entender con aquel gesto que no iba a permitir que se escapara esa vez. No pudo evitar sonreír con satisfacción cuando escuchó lo dicho por el otro. Oír y sentir esa desesperación por su parte le estaba volviendo aún más loco.

-No voy a dejar nada de ti. -Susurró sobre sus labios antes de lanzarse a besarlos cual desesperado. Y lo cierto es que lo estaba. No podía ocultarlo más.

Movió sus labios con rapidez sobre los de Hongbin, ladeando la cabeza y haciendo movimientos intensos. La mano que tenía en su cadera no tardó mucho en colarse cómo pudo entre la pared y el trasero del menor. Con fuerza y de manera posesiva, clavó los dedos en uno de sus glúteos, obligándole a echar las caderas hacia delante en un brusco movimiento y apretar su entrepierna con la propia. Mientras los dedos de su otra mano se paseaban ahora por su pelo, entrelazándose en los cabellos y tirando suavemente de estos. Lo deseaba tanto que no encontraba forma de aguantarse ya y no comportarse así. Tanto tiempo. Tantas ganas. Tanto amor que ofrecerle. Aunque fuera solo por un rato, pensaba sacarlo todo sin tratar de contener nada.

Hongbin no podía ocultarlo ni un momento más. Ni quería hacerlo. Necesitaba de él. Entero. Lo besaba con ganas, pasión y desesperación. Movía sus labios con rapidez, gruñendo entre estos al sentir como agarraba su trasero y sus miembros se quedaban tan juntos. Sentía que explotaría de desesperación y de calor. Su cuerpo ardía. Recorría sus labios al mismo compás que él, encajándolos perfectamente como si estuvieran hechos los unos para los otros. Estaba disfrutando de ello y no dudó en usar su lengua para lamer sus labios y para introducirse en su boca y recorrerla entera. Así poder saborearlo. La calidez de su lengua y su dulce tacto... Lo había echado tanto en falta que el sentirlo ahora le estaba provocando cosas terribles en su cuerpo. Las manos no quedaban quietas. Había conseguido colar una por debajo de la tela que cubría su torso y ahora, con unos dedos juguetones acariciaba su piel con ganas. Tanto que incluso a veces le arañaba apropósito, para dejar su marca en su piel y para que notara toda la desesperación por sentirlo.

-Me estoy muriendo completamente por ti, porque me hagas de todo. Muéstrame lo que sientes, muéstrame lo que pasa por ti ahora y seré completamente tuyo. Haré lo que me pidas, haré lo que más desees, como si me pides que me comporte como un putón, me da igual, pero enséñame... Enséñame lo desesperado que estas por mí, lo mucho que dices que te pongo y me has echado en falta... -Murmuró aquello al separar sus labios, aunque no por mucho tiempo, ya que tras hablar volvió a unirlos con demasiadas ganas. Llevó la mano libre hasta su miembro y lo agarró con algo de fuerza, para sentir como se sentía su novio y como estaba. Un pequeño jadeo escapó de los labios de Leo cuando sintió que agarraba su miembro, ya bastante endurecido bajo la tela de los pantalones.

-Solo quiero que te dejes llevar y me enseñes las ganas que tienes tú también.

Esta vez agachó la cabeza y acercó los labios a su cuello, aquel con el que tanto deseaba jugar. Repartió algunos besos por su piel antes de dejar paso a la lengua y sobre todo, a los dientes. Mordió con fuerza, quizás con demasiada, dejando una marca bastante notable en su cuello. No podía verla, pero sabía que estaba ahí.

- Joder... A este paso acabaré haciéndote gemir de forma que toda la calle sepa que estamos aquí. -Dibujó en su rostro una sonrisa ladina al decir aquello último y continuó entreteniéndose con su cuello un poco más, queriendo excitarlo tanto o más de lo que él mismo ya estaba. Lo deseaba. Se moría por escuchar esos gemidos que tanto le encendían. Y por escucharle suplicar y morir de placer por él.- Y que se mueran de envidia. Y todos sepan que eres solo mío. Y que yo soy solo tuyo. -Mientras hablaba hizo que Hongbin se separase un poco de la pared para poder agarrar su trasero mejor y sobarlo con más libertad, con fuerza y no pensando dejarlo escapar, dando de vez en cuando algunos apretones más fuertes que otros e incluso, alguna que otra palmada.

-Joder, si te hicieras una idea de las ganas que tengo de que me hagas gemir tan fuerte que se entere hasta la ciudad entera...Apretó con suavidad el miembro de Leo con los dedos. Lo sentía sumamente duro bajo la tela de aquellos pantalones. Lo notaba cada vez más, pidiendo algo de libertad. Con una traviesa sonrisa y sin ver nada, suspiró. Cuando su mayor le atacaba en el cuello, se moría.- Me tienes completamente extasiado... Pero... -Movió el rostro y pegó los labios entreabiertos en su oído para que lo escuchase bien.- No te calles, habla, y dime de todo... Sabes que eso me encanta... Tú voz diciéndome esas cosas me provocan ganas de no parar nunca... -Lamió el lóbulo de su oreja con ganas y empeño, acabando por morderlo con desesperación.

Tenerlo así, solo para él, ya le estaba provocando demasiada calor. Así que sin esperar más tiempo se quitó la camisa, sin ni siquiera ver donde la dejaba ya que estaba todo oscuro. Pero poco le importaba. Solo tenía algo en mente. Cogiendo su rostro con una mano, volvió a unir sus labios a los de él con demasiada pasión, dejando que las salivas de ambos se entremezclaran, se hicieran una, mientras sus lenguas jugaban a entrelazarse y acariciarse, con tanta desesperación, que los suspiros escapaban como podían de sus labios y chocaban contra los del otro.

Leo soltó durante unos segundos su trasero y separó sus labios para poder quitarse bien la mochila que aún llevaba colgando de los hombros y dejarla caer al suelo. Así podría moverse con algo más de agilidad al no tener que ir con aquello en la espalda. Volvió a besarle, totalmente ansioso una vez sintió sus labios de nuevo. Al darse cuenta de que ya no llevaba su camisa puesta, sonrió mientras le besaba. Llevó una de sus manos hasta su pecho, buscando a ciegas uno de sus pezones para, una vez lo encontró acariciarlo y sin pensárselo dos veces, agarrarlo entre dos de los dedos y darle un pellizco, no muy fuerte, pero lo suficiente para que lo notara bien. Hongbin tuvo que acabar mordiéndose el labio inferior cuando sintió como le acaricia el pezón. Si gemía hasta con eso, a saber qué pensaría el otro de él. Una de las manos de Leo bajó esta vez hasta el cierre del pantalón del menor, desabrochándolo con rapidez y colando la mano bajo la tela una vez hecho. Él no pensaba quedarse sin disfrutar de aquel contacto, y mucho menos sin hacerle disfrutar a él aún más.

-Ya sé lo cachondo que te pone que te diga esas cosas. Tanto cómo lo que me pones tú a mí con solo mirarte. Me dan ganas de hacerte de todo en este momento y no parar hasta hacer que te corras como nunca lo has hecho. -Logró decir aquello en uno de los momentos en los que separó sus labios para coger algo de aire, notando la excitación en su propia voz y no tardando mucho en volver a besar sus labios apasionadamente. La mano que había colado dentro de su pantalón, pero no bajo los boxers, la había posado sobre su miembro y se dedicaba a masajearlo y presionarlo con la palma de la mano con intensidad.

-¿A qué esperas...? Hazme de todo... Todo lo que desees, joder... Soy completamente tuyo. -Hongbin dijo aquello último entre un gemido que se le escapó cuando sintió la mano en su miembro. Al no ver nada, el morbo era mayor. No veía, solo sentía. A ciegas, recorría con sus manos el pecho de Leo para desabrocha su camisa lo más rápido que podía. No aguantaba más las ganas de sentir su calor, su piel, y su contacto, ardiente contra él. Una vez le quitó la camisa, dejándola caer, hizo lo mismo con sus pantalones los cuales desabrochó primero, a ciegas, claro. Y dándole tirones los bajó por sus piernas. Leo se dejaba quitar la ropa por él, apartando las manos un momento de su cuerpo para ayudarle a hacerlo al no verse nada Ahora con las manos sobre sus caderas, Hongbin lo acercó más a él. Quería su calor cerca. Desde ahí se podía embriagar de su aroma, que tan loco lo volvía. Por un momento y con una ladina sonrisa en el rostro, pegó los labios a su oído para murmurarle sensualmente.

-Fóllame con toda la desesperación del mundo... Y córrete dentro de mí, márcame de ti... Hazme tuyo una vez más ¿O he de suplicártelo? -Entre jadeos y murmurando eso, llevó una mano hasta su miembro pero por debajo de la tela de los boxers. Lo acariciaba. Lo masajeaba, con ganas y deseo.-Después de tanto tiempo... Tengo que estar tan jodidamente estrecho... Seguro que cierta cosita se siente en el paraíso ahí dentro... me da que lo está deseando...

-Esta noche vas a acabar con el culo roto cómo sigas portándote así.

Buscó sus labios, encontrándolos por pura intuición y con fuerza, mordió el inferior y tiró un poco antes de soltarlo. No pudo evitar sonreír por todo aquello. Por el momento que estaban compartiendo y por sus palabras. Tanto tiempo sin nada de aquello había provocado que ahora saliera todo de golpe sin poder aguantarse ni un poco. Las ganas por él era demasiado cómo para aguantarlo durante más tiempo y sentía que si no lo hacía ya, iba a explotar de un momento a otro. Se separó bruscamente de él y le hizo girarse para que se pusiera cara a la pared. De un solo movimientos le bajó con ambas manos el pantalón y los boxers, haciéndolos caer al suelo y dejando así al descubierto su trasero, que tanto le encantaba y deseaba. No podía verlo, pero no importaba. Tenía una clara imagen de ello en su memoria de las veces anteriores.- Ahora te vas a enterar de lo que pasa por tenerme tanto tiempo desesperado por follarte. Me voy a clavar tan hondo que no esperes poder moverte después de esto. -Mientras hablaba, con una mano, acaricia suavemente uno de sus glúteos antes de, dejando a un lado toda delicadeza, dar una fuerte palmada justo en el lugar que acababa de acariciar con tanto cuidado.

-Si llego a saber que si te tengo sin nada una buena temporada acabas de esta manera, lo hubiera hecho hace muchísimo... -Dijo Hongbin tras girarse. Había apoyado las manos en la pared. No le importaba que estuviera sucio o algo, ahora mismo, en ese instante, solo deseaba que le hiciera el amor de esa manera que solo su mayor sabia. Que le hiciera sentir en un paraíso terrenal, como tantas veces había hecho. Lo estaba deseando como nunca, incluso su propio cuerpo reaccionaba solo al otro, también había echado en falta su contacto.

Mientras tanto con la mano libre Leo se terminaba de bajar él mismo los boxers. Se guio con sus propias manos, echándose al mismo tiempo hacia delante para acercarse más y palpando con los dedos un poco entre ambos glúteos para encontrar exactamente donde estaba el lugar que tanto buscaba y deseaba. Cuando lo encontró, sin pensarlo ni un solo momento más, dirigió el miembro hacia su entrada y de una sola fuerte embestida, lo penetró, con algo de dificultad. Suspiró profundamente ante ello, sintiéndose en el mismo cielo una vez estuvo en su interior y lo apretada que estaba aquella zona, notando la imparable necesidad de moverse ya.

- Tenías razón... Estás jodidamente estrecho... Y eso solo me da más ganas de joderte con más fuerza... -Murmuró esto echando la cabeza hacia delante y buscando su oído para decirlo sobre este, con la respiración levemente acelerada y una notable excitación en su voz.

Al sentir cómo le penetraba de esa manera tan brusca, un gemido de dolor y placer, salió de sus labios. Le había dolido, sí, pero estaba tan sumamente excitado que le daba igual el dolor, solo quería sentirlo, escucharlo gemir, que disfrutara por él y le siguiera hablando y diciendo esas cosas que tanto le encantaba escuchar. Le encendía tanto que sabía que ni siquiera su mayor se daba cuenta del poder que tenía sobre él con decir esas cosas. Con lo más mínimo lo tenía a sus pies. Si dijera más, no quería ni imaginarse como de putón se volvería.

- Hazlo... Leo hazlo... Jódeme... Fóllame con todo tu ser, con toda tu desesperación... Rómpeme... Disfruta de mi cuerpo, demuéstrame que aún disfrutas de él y de mí... Déjame ver lo mucho que te encanto... Recuérdame a quien le pertenezco... -Para provocarle, movió sus caderas, pero tan solo un poco, lo suficiente para incitarle a empezar a moverse como tanto deseaban ambos.

Nada más sentir el movimiento que hizo Hongbin con sus caderas, no pudo soportarlo más y empezó a moverse él mismo contra su cuerpo de forma brusca. Con embestidas cada vez más fuertes, una tras u otra, sin un solo descanso. Pues toda la excitación acumulada que recorría su cuerpo en aquellos momentos no le permitía parar ni un solo momento.

-¿Acaso ya lo has olvidado...? ¿Has olvidado quien es aquí la única persona que puede y va a follarte durante el resto de tu vida...? Manteniendo con firmeza una mano sobre su cadera, clavando casi sin darse cuenta los dedos en su piel y dejando sobre esta algunas marcas, siguió moviéndose de aquella manera tan bruta.-Joder... Es imposible no volverse un puto animal si tienes a tu disposición un culo tan perfecto cómo el tuyo... -La mano libre la llevó hasta el miembro de Hongbin, lo rodeó y empezó a masturbarlo con la misma velocidad con la que le penetraba. Al hacerlo procuraba recorrer toda la extensión de este y apretar suavemente al hacerlo. Deseaba darle el mayor placer posible y hacerle sentir tan bien cómo el mismo se estaba sintiendo. Extasiado a cada movimiento.- Si pudiera podría pasarme la noche enterado follándote cómo a una zorra... Porque te encanta, no lo niegues... -Sonrió tras las últimas palabras, diciendo todo aquello en un tono provocativo y con los labios pegados a su oído en todo momento, dejando los suspiros y suaves jadeos de placer chocar también contra este, para que los escuchara bien y fuera consciente de lo que le estaba haciendo sentir.

Los gemidos se agolpan en la garganta del menor, cada vez más intensos y profundos. Cada vez más cargados de placer. Una sonrisa se encontraba dibujada en su rostro. El hecho de escuchar los sonidos que salían de él y esas benditas palabras saliendo de sus labios, tan cerca de su oído, le enloquecía por momentos. 

-Lo he olvidado... Necesito que me lo recuerdes... Necesito que me jodas como la zorra que soy... y no lo niego, mierda, me pone tan cachondo que me hagas estas cosas y verte así que yo te tenía semanas follando sin parar. -Intentó decir, entre jadeos y suspiros. No quería estar parado, así que apoyado en la pared, empezó a mover sus caderas de tal manera que su mayor pudiera penetrarle más profundamente.- ¿Está apretadito...? ¿Te gusta...? Solo dime qué quieres... y lo haré... Dime cosas... A este paso... Tendrás mi culo a disposición tuya en todo momento. Joder, Leo... Como pares, te mato...

Leo no detenía ni los movimientos de sus caderas ni los de su mano, intentando llevarlo todo siempre a una misma velocidad. Cada vez con movimientos más fuertes e intensos, no podía evitar que de vez en cuando se le escapara algún leve gemido causado por todo el placer que le estaba haciendo sentir el menor a cada momento que pasaba, y más aún, la enorme excitación que sentía con sus palabras. Pues cierto era que si a él le ponía que le dijeran todo aquello, para él mismo no era menos. Escucharle decirle todo eso era más que excitante. Le volvía completamente loco.

-No se te va a volver a olvidar... Te voy a marcar de tal forma que no vas a poder hacerlo...  -Decidió variar un poco con los movimientos y saliendo casi por completo de su interior, volvió a penetrarle con la misma o más fuerza que la primera vez. Jadeó con fuerza al hacer esto, repitiéndolo después un par de veces más.- Adoro lo apretado que estás... Tienes un culo tan perfectamente follable... Es imposible cansarse de metértela... -Susurró aquello, con la voz levemente entrecortada y sintiendo cómo el placer era tanto que no creía tardar mucho en acabar llegando al orgasmo en cualquier momento.
El hecho de no poder verlo lo excitaba más aún si es que cabía esa posibilidad. Pero escucharlo gemir, de esa manera lo volvía jodidamente loco. Sus movimientos le arrancaban a Hongbin jadeos cada vez más sonoros. Gemía su nombre porque era lo único que albergaba en su mente. Él y lo placenteramente bien que le hacía sentir.

-Esta zorra desea que te corras en su interior... necesita que le marques... lléname de ti, por favor... -Movía sus caderas con desesperación cuando sentía que le penetraba de nuevo, notaba que le quedaba ya muy poco acabar él, pero aún le seguiría diciendo lo mucho que lo deseaba, hasta el final.- Clávamela bien hondo.. Que la siente como me partes en dos, Leo... -Y acabando de murmurar su nombre, sintió como acaba llegando a un intenso orgasmos acompañado de un suave gemido que salió de sus labios al sentir todo aquel placer.

En cuanto notó que el menor había acabado, Leo bajó considerablemente la velocidad de su mano hasta que terminara completamente y entonces, soltó su miembro. Notaba cómo inconscientemente, sus propios movimientos se aceleraban con desesperación a cada segundo que estaba más próximo al orgasmo. Mientras tanto, y hasta que él mismo no acabara, seguía proporcionándole aquellas embestidas tan fuertes. Esta vez no dijo nada, pero eso no quitó que el nombre del menor escapara de sus propios labios un par de veces cuando por fin, entre jadeos bastante profundos, terminó en su interior. Paró completamente todo movimiento una vez acabado y lentamente, respirando de forma acelerada, salió de él con cuidado.

-Joder... -Soltó un pesado suspiro antes de esbozar una sonrisa bastante amplia y que mostraba todo el ánimo presente en él, cansado.

Se acercó a Hongbin de nuevo y le abrazó desde detrás, con fuerza y con mucho amor, murmurando antes de dejar un tierno beso sobre su nuca y separarse para subirse los pantalones y cómo podía, buscar su camisa entre la oscuridad.- Te amo... Te amo muchísimo... Dudo que sepas cuanto...

Hongbin esbozó una feliz sonrisa cuando escuchó aquello. Antes de responder, en el intento de subirse los pantalones y recoger la camisa, un quejido se le escapó. Le dolía ahora el trasero bastante. Pero podría aguantarlo más o menos bien. Mientras tanto, se vestía sin ver nada. Esperaba poder acertar a la hora de vestirse.- Malvado... Te amo tanto que ni lo ves...

Cuando ambos terminaron de vestirse, ayudándose con la luz de uno de los móviles, Leo rodeó con el brazo la cintura de Hongbin, recogiendo antes la mochila para que no se les olvidara allí.

Pusieron rumbo a su casa, caminando tranquilamente por las solitarias calles, comentando todo lo ocurrido durante aquella tarde con ánimo y felices ya que por fin, la espera por poder estar juntos de nuevo había acabado tras tantos días.


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