martes, 7 de junio de 2016

(Meanie) Flores de almendro -Serial- Capitulo 2


Nota: ¡Por aquí tenéis el nuevo capitulo de este mini serial! ¡Que lo disfrutéis!

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A la mañana siguiente ambos se encontraban sentados en la mesa, cada uno con bol de cereales con leche, hablando animadamente sobre qué hacer más tarde.

– Podríamos jugar a fútbol, no necesitas las manos – propuso el de pelo castaño mientras desayunaban.

– No creo que sea buena idea, quizá deberíamos hacer algo menos movido – respondió Wonwoo con poco entusiasmo -. Podríamos ir hasta la noria en bicicleta.

Había una antigua noria de agua que estaba rodeada por un prado lleno de pasto con flores y, montados en sus bicicletas, solo necesitaban quince minutos para llegar. Aunque, tras pensarlo, no le parecía una buena idea. No podría manejar el manillar de su bicicleta en el estado actual en que se encontraba su brazo.

– Olvídalo, está muy lejos – admitió con desánimo.

– Entonces vayamos al pueblo a tomar un helado – dijo el más alto.

Otra vez tenían el mismo problema, también debían ir en bicicleta.

– No podría manejar el manillar de mi bici, aún no agarro nada bien, ni puedo girar la muñeca – respondió con tristeza el mayor.

– No hay problema, yo te llevo – Wonwoo se le quedó mirando con los ojos muy abiertos, sorprendido con la propuesta – ¿Qué? Puedes ir en la parte de atrás y sujetarte a mí.

Pareció notar que a su amigo no le convencía demasiado aquella idea, o por lo menos eso creía. Pero, tras un corto tiempo, este acabó asintiendo con una sonrisa aflorando en sus labios. Al final acordaron una hora concreta para que Mingyu pasara a recoger al más bajo y, entonces, se centraron en terminar de desayunar.

Aquella mañana Mingyu tenía que ayudar a su abuelo en el campo, era por eso que los dos jóvenes planearon salir juntos por la tarde. El menor sabía que era de gran ayuda a su abuelo cada vez que venía de vacaciones. Y, por ello, intentaba ayudarle en la medida de lo posible, ya que no le gustaba que a su edad siguiera trabajando.

Unas veces le echaba una mano para guardar sacos de simiente* o fertilizante, ya que estos superaban con facilidad los diez kilos. También colaboraba en la siembra del terreno que poseían sus abuelos, creando surcos con una azada* o plantando las semillas él mismo. Sino, daba de comer a los animales que tenían o cuidaba las hortalizas del huerto personal, que tenía su abuela, en el jardín de casa.

Casi siempre acababa cansado, y ese día no era la excepción, pero las ganas de tomarse un helado con Wonwoo eran más fuertes que cualquier fatiga. Por eso se dio una ducha rápida y recogió al más bajo en su casa para ir juntos al centro del pueblo.

Mentiría si dijera que no disfrutó del trayecto, Wonwoo había ocupado la parte trasera de la bicicleta, sentado sobre la zona de carga. Y, gracias a que no había nada más donde sujetarse, este se pasó todo el recorrido agarrado a Mingyu. El más alto disfrutó sentir uno de los brazos de su amigo rodear su cintura, tanto que no paró de sonreír ni un solo instante. Pero aquello acabó una vez que llegaron a la plaza, rompiendo por completo el encanto del momento.

– Mingyu para – pidió de repente el mayor.

Este obedeció de inmediato, temeroso de que el más bajo se hubiera mareado o, aún peor, hecho daño. En cuanto la bicicleta se detuvo, Wonwoo bajó con rapidez de esta y se colocó al lado de Mingyu.

– ¿Qué ocurre? – preguntó preocupado el más alto.

– No es nada, solo…

Pero el mayor no paraba de mirar de reojo hacia su derecha con una expresión retraída. Siguiendo la mirada de este, Mingyu encontró a un grupo de chicos al otro lado de la plaza, quienes conversaban animadamente junto a la cafetería-heladería, donde se dirigían ellos.

– ¿Es por esos chicos? ¿Los conoces? – preguntó, aún confuso.

– Bueno, sí… Van a mi escuela – murmuró – ¿Podemos esperar a que se vayan?

– ¿No te caen bien? – aquello le sorprendió, creía que Wonwoo no podría llegar a detestar a nadie.

– No, pero no me apetece encontrarme con ellos – respondió mientras le cogía de la mano -. Por favor, ¿podemos irnos de aquí? No quiero que me vean.

Mingyu hubiera dicho que sí a cualquier cosa con tal de que el mayor le siguiera sosteniendo de la mano, así que accedió a ser llevado hasta un rincón y esperar sentado junto a Wonwoo.

Mientras ambos permanecían en silencio Mingyu se dedicó a observar al grupo de chicos, eran tres y parecían tener más o menos su edad. No eran feos ni guapos, pero sí bastante maleducados. Muchas de las personas sentadas junto a ellos perecían molestas con el alboroto que formaban, riendo y hablaban a voces.

– Siento todo esto…- se disculpó el mayor.

Mingyu se giró hacia Wonwoo extrañado por aquella declaración. El de pelo oscuro no dejaba de observar el suelo, como si no pudiera mirarle a los ojos.

– Siento que nos tengamos que esconder…- aclaró escondiendo las manos tras su espalda.

– No importa, también hay gente que no me apetecería ver en vacaciones – dijo el más alto revolviendo el pelo a su amigo -. Esperaremos aquí lo que haga falta, así que no te preocupes, me encanta estar contigo y más a la sombra.

Wonwoo sonrió débilmente pero siguió sin alzar la vista y eso le preocupó. Sin embargo, y por más que le preguntara si se encontraba mal, este no dejaba de negar. Por lo que supuso que su mente podría estar malinterpretando el estado de su amigo.

Al cabo de diez minutos ambos pudieron ir a la cafetería y pedir unos helados, ya que los chicos se habían marchado. Mingyu creía que con una dosis de azúcar el humor del mayor volvería a ser el mismo, pero Wonwoo seguía con la mirada perdida en algún punto lejano. Así que se le ocurrió abrazarle por detrás, mientras este aún estaba distraído.

Pero, lo que creyó una buena idea y un momento dulce, acabó siendo un auténtico fracaso. Wonwoo de repente gritó asustado y cayó al suelo con una expresión de auténtico terror en el rostro. Mingyu se quedó helado sin saber qué hacer, mientras las pocas personas allí presentes les miraban con curiosidad y cierto resquemor.

– Hyung…- dijo sin comprender que acababa de ocurrir.

Wonwoo se levantó completamente avergonzado, mientras su helado descansaba sobre el pavimento, derritiéndose lentamente.

– Lo siento, me había asustado – se justificó mientras apreciaba como aquellos desconocidos no dejaban de observarlos – Por favor, volvamos a casa.

Sin dudarlo Mingyu tiró de él hacia su bicicleta aparcada y, ambos, salieron de allí a gran velocidad. Estaba intranquilo, jamás creyó posible que Wonwoo le mirara de aquella forma, nunca. Por lo menos no con esos ojos vidriosos y su cuerpo entero temblando tras caer al suelo.

Sentía que algo no estaba bien, incluso si el mayor se hubiera asustado, sentía que aquella no era una reacción normal a una broma. A cada instante su mente le devolvía la imagen de su amigo, más pálido que nunca y con auténtico miedo reflejado en sus ojos y rostro.

Nada más llegar a casa de sus abuelos dejó que Wonwoo se apeara y luego bajó él de la bicicleta. Sin decir nada lo agarró de la manga de su camiseta y tiró de él conduciéndolo a su cuarto. Con cuidado cerró la puerta y luego se volvió frente al mayor, quien le observaba preocupado.

– Siento haber reaccionado así, yo… No sé qué me pasó – dijo bajando nuevamente la vista a sus pies.

-Empezaste a estar raro desde que vistes a esos chicos en la plaza, -declaró desconcertado – incluso ahora siento que no eres tú totalmente. Quiero saber que te ocurre – exigió Mingyu mientras se acercaba lentamente a su amigo -. Dime la verdad.

Aquella tarde había conocido una parte de él que nunca había visto. Jamás Wonwoo había evitado su mirada y había sido tan retraído con él, por eso pensaba que su mejor amigo le estaba ocultando algo. Años atrás se habían prometido nunca mentirse entre ellos, y en ese momento el mayor no lo hacía, pero Mingyu sentí que le había engañado igualmente.

– Yo…- de pronto Wonwoo le miró tímidamente a los ojos y empezó a temblar -… No puedo decírtelo.

Se mordió el labio mientras volvía la vista al suelo en completo silencio hasta que, de pronto se le escapó un sollozo.

En menos de un segundo este ya estaba en brazos del menor, siendo abrazado por él, mientras las lágrimas surcaban su rostro sin control. Durante unos minutos ambos permanecieron en silencio, Mingyu intentando consolar y reconfortar al mayor de algún modo y, este, desahogándose en el hombro de su amigo.

Un oscuro pensamiento cruzó la mente del más alto, implantándole ideas o posibles respuestas a aquella situación. Y todas ellas iban hacia una misma dirección, una que no deseaba ni pensar. Mas, el querer saber que le ocurría a su amigo, acabó haciéndole preguntar.

– ¿Esos chicos…– preguntó con temor -… Se han metido alguna vez contigo?

De pronto el llanto débil de su amigo se convirtió en un mar de gimoteos y temblores, mientras, Mingyu sentía su corazón romperse de dolor. No tuvo que esperar ninguna señal más, abrazó con más fuerza a su amigo y se recostó con él en su cama, tapándolos a ambos bajo las sábanas. El menor notaba como si le estuvieran matando poco a poco al oír llorar de aquel modo a Wonwoo.

– Y-yo… – intentó decir casi inaudiblemente el mayor.

– Shh… No digas nada, solo desahógate – Wonwoo le miró cortamente y luego enterró su rostro en el cuello del más alto para seguir llorando.

Por otro lado, Mingyu quería levantarse e ir a por esos cabrones para destrozarlos, uno a uno, con sus propias manos. Pero no iba a dejar a su amigo, por lo menos no mientras se encontraba de aquella manera. Se sentía inútil, ya que no había podido defender a Wonwoo ni hacerles pagar a aquellos chicos cuando tuvo oportunidad. Por lo menos, ahora, podía ser una fuente de calor y apoyo para el mayor.

Estuvo cerca de veinte minutos acariciándole la espalda y pasando los dedos por su cabello con suavidad. No sabía si aquello consolaría al mayor, pero este tampoco se había apartado. Es más, aún permanecía envuelto en sus brazos y quería creer que eso le gustaba.

Así que tras aquello, y otros pocos minutos de hipidos, este se fue relajando. Dejando atrás las lágrimas, y en su lugar un gran manojo de pañuelos de papel usados, separándose finalmente de Mingyu, y sentándose a su lado.

– Quédate a dormir hoy, ¿vale? – dijo el más alto mientras secaba el rostro mojado de su amigo con sus propias manos.

– Te-tengo q-ue avisar…- comenzó a explicar Wonwoo, aún demasiado alterado para enlazar una frase sin trabarse.

– Yo les llamo, ¿vale? Tú quédate aquí – le cortó Mingyu, entendiendo a su amigo, mientras salía de la cama – También le diré a la abuela que te quedas a cenar.

– Por fa-avor no les d-digas que me pasa…

No creía correcto ocultar aquella información a los padres del mayor, pero tampoco pensaba traicionarlo. Así que, a pesar de sentirse culpable, asintió y luego salió de su cuarto. No fue difícil arreglarlo todo para que Wonwoo se quedara el resto del día con él, en realidad a todo el mundo le pareció de lo más normal.

Pero, durante la cena, el más bajo esquivaba su mirada y hablaba lo menos posible. A ojos de los abuelos de Mingyu aquello era normal, pero el menor conocía bien a Wonwoo y sabía que era porque había descubierto un hecho doloroso de su vida.

Aquella noche, tras haberse acostado temprano en la cama, se replanteó en cómo podría cambiar este hecho su amistad. El mayor ahora parecía más distante y frío, y sin embargo, quería permanecer a su lado más que nunca. Iba a preguntarle como estaba, para llenar el silencio que se había creado entre ambos, pero antes una mano tocó la suya delicadamente bajo las sábanas.

– Mingyu…- Wonwoo, quien estaba recostado a su lado, había atrapado la mano del menor con la suya -… Gracias por todo.

De golpe los latidos del corazón de Mingyu se dispararon y volvió a sentir su estómago retorcerse. Aquella mano, aunque más pequeña que la suya, era cálida y agradable.

– No es nada, ¿ya te encuentras mejor? – preguntó intentando reconocer el rostro del mayor entre la oscuridad.

– Sí…- respondió en apenas un susurro -… ¿Mingyu?

– ¿Mm? – dijo aun disfrutando en silencio de aquel momento junto al mayor.

– ¿Puedes abrazarme de nuevo?

Se preguntó cómo Wonwoo podía manejar así su estado de ánimo, cómo controlaba su felicidad o tristeza. Ahora sentía su corazón tan acelerado que temía que se le diera un ataque. De repente estaba nervioso y avergonzado, por lo que agradeció a la penumbra que escondiera sus mejillas sonrojadas.

– Sí, claro…

Extendió sus brazos conteniendo el aliento mientras Wonwoo se apoyaba en su hombro y dejaba una de sus manos sobre el pecho del menor. Sintió aquella piel caliente contra la suya y de pronto su propio cuerpo empezó a emanar calor, mucho calor.

Se preocupó de que a su amigo le molestara este hecho, pero este solo se acurrucaba más contra él. Así que decidió mirar al techo y meditar en otra cosa para bajar su temperatura corporal. Sin embargo, el tener a Wonwoo durmiendo pegado a él era tan agradable que no pudo pensar en nada más.

Le gustaba sentir su pecho hincharse cuando respiraba y el lejano latir de su corazón. También le encantaba su aroma, uno que solo se podía percibir si se estaba lo suficientemente cerca. En verdad le gustaba mucho Wonwoo en general, pero lo que más era su tímida y dulce personalidad, una que creía haber perdido cuando el mayor se comportó distante con él hace unas horas.

Adoraba verle sonreír, sus ojos se volvían apenas una línea de espesas pestañas y sus perfectos dientes blancos adornaban aquel delicado y dulce rostro. Le encantaba la forma de sus labios cuando sonreía y cuando los apretaba para formar un puchero, entonces se volvían rojos y le entraban ganas de… Tocarlos.

Se quedó helado mientras su mente repasaba todo aquello que acababa de pensar ¿Desde cuándo se había vuelto tan cursi? ¿Y por qué se fijaba tanto en Wonwoo?

Era extraño ya que nunca había prestado tanta atención a ninguna chica y, ahora que lo meditaba, la idea le resultaba poco apetecible. Los ojos y labios de su amigo eran más bonitos que los de cualquier chica que haya conocido. Un momento… ¿Acaso estaba diciendo qué prefería a Wonwoo frente a cualquier mujer?

En ese mismo instante el mayor se movió en sueños, pasando su mano por el pecho de Mingyu. Este sintió un escalofrío que recorrió todo su cuerpo que, cuando Wonwoo expulsó su cálido aliento sobre la piel del castaño, logró multiplicarse por mil. Del mismo modo aquello desencadenó un golpe de calor que invadió cada parte y rincón del menor.

No, no podía gustarle un chico, y menos aún su amigo. Estaba mal, muy mal… Pero las sensaciones seguían viajando a través de su cuerpo cuando el mayor seguía exhalando contra su piel. Le gustaba lo que este le provocaba en su cuerpo y al mismo tiempo le aterraba.

¿Y si Wonwoo se enteraba? ¿Enterarse de qué? A él no le gustaba de esa manera, no había forma de que fuera así…

Al final, y como resultado de pasar la mitad de la noche reflexionando sobre sus sentimientos, no consiguió descansar. Mingyu se aferraba a que sentía cariño y, quizá, un amor fraternal hacia el mayor. Lo que pasaba era que el nunca haber tenido novia, y tener las hormonas demasiado descontroladas le estaban confundiendo.

Más, durante los siguientes días sus primeras sospechas parecían cumplirse contra su voluntad. Se había sorprendido observando embobado al mayor mientras este comía restos de tarta de su cumpleaños. También le encantaba revolverle el pelo para sentir lo suave que era y, cuando accidentalmente ambos se tocaban, todo su cuerpo se volvía un mar eléctrico de sensaciones.

Pero fue, tras varias semanas pensando en el mayor, que su primer sueño húmedo con él llegó. Se despertó caliente como el infierno y con una enorme erección entre sus piernas. No habían más excusas, Wonwoo le gustaba, y mucho.

Lo malo es que esto era que pasaba la mayoría de los días con él y, con el paso del tiempo, se le hacía difícil no intentar tocarle o mostrarse más afectivo de lo normal. Quería abalanzarse sobre el más bajo e intentar besarle, incluso explorar bajo la ropa de este para descubrir su tacto.

Sin embargo, aquellos pensamientos solo conseguían volverle loco y desesperarle aún más. Llegó a un punto en que, tras su primer mes en el pueblo notaba que se ahogaba con sus sentimientos. Quería ser sincero con él, decirle como se sentía y esperar que este le aceptara. Pero el miedo le tenía preso porque temía que, por esto, Wonwoo se alejara de él.


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Simiente*: Grano contenido en el interior del fruto de una planta y que, puesto en las condiciones adecuadas, germina y da origen a una nueva planta de la misma especie.

Azada*: Apero de labranza formado por una lámina o pala de metal con filo cortante en un extremo y un anillo por el que se encaja en un mango largo de madera con el que forma un ángulo agudo; se emplea para cavar tierras ya roturadas, para remover el estiércol, etc.


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